PEREGRINAR, UNA FORMA DE CAMINAR, LA MEMORIA LARGA.
Autora: Elizabeth López Canelas.
El fenómeno de las peregrinaciones está presente en todas las culturas y religiones desde los comienzos de la civilización humana. Desde niña soy cercana a esos procesos, recuerdo que muy chica en septiembre los hermanos y hermanas que visitaban al Tata Lagunas en Cala Cala (Oruro), pasaban a saludar también a la Mama Candela en el Santuario del Socavón, yo escuchaba las jula julas cuando ellos bajaban y salía la puerta mirarles pasar, iban tocando y bailando de regreso a sus lugares.
Al ser mi padre uno de esos desterrados de la tierra de los que habla Fanón, recreo todo su universo cosmológico y cosmogónico en Oruro, entonces acogió como su protector precisamente al Tata Lagunas, desde que tengo memoria me acuerdo que él y mis tíos caminaban toda la noche al santuario, en tanto que nosotras salíamos temprano con mi mamá cargadas de ollas comida para los peregrinos. Ya grande yo misma peregriné con ellos caminando toda la noche y más tarde lo hice con compañeros y compañeras de la U. Mis visitas a este sitio han sido muchas, con los años, las peregrinaciones ya no son caminado, se han convertido en visitas al Tata en las muchas movilidades que están a disposición.
En esos años me encantaba bailar con las jula julas de los hermanos del Norte de Potosí que llegaban a saludarle, me encantaba ver como se quedaban en la puerta de la iglesia tocando en las julas esos viejos sonidos, que en mi opinión son los sonidos más mágicos que hay sobre la tierra.
Por esa experiencia he asumido las peregrinaciones como una conjunción de baile, fiesta, música, respeto, cuidado y sobre todo recuerdo, creo profundamente que esas peregrinaciones son el recuerdo de las antiguas relaciones sociales, culturales, políticas, rituales y territoriales. Es el camino de esa memoria larga que subsiste y existe. Bajo esa lógica he peregrinado a muchos sitios, me he sorprendido de toda la comunidad boliviana y argentina que peregrina por ejemplo al Tata Quillakas, toda la gente de Cochabamba de manera particular que peregrina al Tata Bombori (ahora va mucha más gente pero las razones son diferentes), me he dejado maravillar con los peregrinos del Tata Qoyllur Rit’i, y he aprendido mucho de los bolivianos y limeños que van al Señor de Huanca. He bailado para la Mamacha Carmen, la Mama Candela, la Mama Cota Kahuaña, la Mama Sta. Bárbara, la Mama Urqupiña y otras,
Peregrinar supone para mí, hacer una pausa, abandonar la cotidianidad y lo urgente, significa desprenderte de todo lo que te ata a la racionalidad objetiva del tener que ser y estar para dejarte llevar por un momento a la irracionalidad del no ser, donde todo se vuelve uno y así transitar esos laberintos de memoria segmentada que se pierden en el origen de la humanidad.
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Fotografía: Tita Cordero |

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