Año Nuevo Andino
Amazónico, más allá del folklore y la institucionalidad: leyendo desde el
cuidado
Autora: Elizabeth Canelas.
La
observancia de los astros ha sido uno de los avances científicos más
importantes desarrollados por los pueblos antiguos, no solamente en el caso de
los andes sino a lo largo del planeta existen cientos de observatorios
astronómicos que son una evidencia irrefutable de ello. Gracias a ese
sistemático estudio se ha podido marcar los equinoccios, solsticios y la ruta
de varias estrellas y planetas.
Un
hecho sumamente interesante en este conocimiento es que además de determinar el
camino de los astros, se ha logrado
establecer los tiempos que los mismos marcan en la tierra, muchos de ellos
vinculados a la agricultura y con ello a la división de estaciones o tiempos
climáticos, en otras palabras se estableció la interrelación entre la
reproducción de la vida y el movimiento cósmico. Esto último supone un
conocimiento que permite conocer el clima y diseñar estrategias tempranas de
alerta ante eventos o alteraciones climáticas adversos, muestra de ello por
ejemplo es el registro del fenómeno del Niño en las costas peruanas.
Queda
también el registro de muchas de las fiestas realizadas en los 4 eventos cósmicos
centrales (equinoccios y solsticios). Es así, que uno de los registros más
importantes es el vinculado a la fiesta del Sol o Inti Raymi (registros del
incario), fiesta que ha sido declarada Patrimonio en el Perú y ha sido retomada
como una fiesta central en Bolivia que la declara y promociona como el “Año Nuevo
Andino – Amazónico”. Como la cultura es dinámica, la celebración y/o fiesta
actual no se trata de observar y marcar el paso del sol, se trata más bien, de
una fiesta de renovación de energía y
para ello existe una diversidad de ofertas turísticas y culturales para esperar
los primeros rayos del sol y recargar
energías en busca de un cambio en nuestras vidas.
En
ese sentido, se celebra el denominado “año nuevo”, no el solsticio propiamente
dicho y menos la politicidad que le subyace. En tiempos, no tan antiguos más o
menos 1940 (y creo que aún hoy), las personas que vivían en comunidades
indígenas, aún recordaban la marcación del tiempo enseñada por los astrónomos
ancestrales, por ejemplo, mí papá me ha contado (y ensañado) como su tío (que
era el sabio del pueblo) marcaba en la pared de su casita el paso del sol y
sabía todos las fechas, ciclos y fiestas. Claro ahí no tenían un observatorio
astronómico.
Me
ha contado también lo que su abuela y las personas de su comunidad invadida por
hacendados decían de esta fiesta. No, no hablaban del año nuevo y tampoco del
Inti Raymi, hablan del día en el que el Sol se encuentra más lejos de la tierra
y por eso mismo casi no calienta, por ello, el Sol necesita ayuda, entonces no
se esperaba los rayos del sol para recibir la energía del nuevo sol, se esperaba el solsticio para calentar al sol, para dar energía al sol y así tenga fuerzas para
ese retorno diario. La fiesta entonces era cocinar para el sol, hacerle rituales
y hacer fuego.
Esto
que para muchos puede ser ignorancia
es en realidad la herencia de una filosofía de vida en la cual ni el ser humano
ni los dioses son absolutos, por el contrario existe una interacción en la que
ambos nos cuidamos y co-dependemos para sobrevivir, sentencia ampliamente
demostrada por la astronomía y ciencia actual.
Al
igual que el Tata Inti necesita ser alimentado y cuidado para un buen retorno,
los que venimos de las comunidades andinas sabemos que éste es el tiempo más
duro, aún hoy las comunidades andinas
tienen que vivir de la cosecha (siempre y cuando haya sido buena), el frio
congela y quema y si no ha habido buena cosecha toca migrar, para muchas wawas
su primera incursión a la mendicidad se da en este tiempo por las vacaciones
invernales y porque en el campo no hay nada. Es tiempo de carencia.
Una
carencia extendida a las ciudades, porque mientras nos preparamos para los
grandes festejos para recibir la energía
del nuevo sol, se nos ha hecho normal oír la muerte de niños y familias por
la inhalación de monóxido de carbono al dejar prendida una olla con agua con el
afán de calentar las precarias viviendas de migrantes rurales, porque si bien
el sol a de regresar lo hace de a poco y en ese proceso no nos puede ayudar.
Claro, es mejor organizar la fiesta que generar condiciones de habitabilidad
dignas en regiones que el frío mata.
Por
todo ello, nosotras no buscamos ni pedimos energía renovadora, nosotras
acompañamos este tiempo que ha sido precedido por la cosecha (mala este año),
calentamos y cuidamos ese sol anciano y wawa, nos acurrucamos y esperamos que
tome de nosotras las fuerzas para crecer día a día y así cuando llegue el Coya
Raymi Quilla en septiembre nos encuentre con la esperanza renovada no sólo en
la siembra sino también en la justicia y la memoria.
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Fotografía: Lenny Johana |

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