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| "Carnaval de Oruro, 2023" Fotografía: Hipólito López |
El mercado de las devociones
Desde que tengo memoria he sido parte
del carnaval de Oruro. Da la casualidad que siempre he vivido cerca de la ruta
de la entrada, de niña vivía en la calle Junín (donde mi padre tenía su
trabajo), los días de carnaval sacábamos bancas y la colocábamos en la acera,
yo jugaba con agua y recogía cuanta basura ornamental caía al suelo, así
llenaba cajitas de fosforo con lentejuelas, perlitas, plumas y demás pequeños
tesoros, años más tarde mis padres compraron una casita en la calle Villarroel,
de dónde iniciaba el carnaval.
Como buena orureña he bailado en la
entrada muchos años y en diferentes conjuntos. He tenido la suerte de bailar
antes y después de la nominación del carnaval de Oruro como “Obra Maestra del
Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”, así que puedo reconocer un antes y un después.
En el antes bailaba en una agrupación
autóctona éramos (siguen siendo) de los últimos conjuntos, lo nuestro era
mostrar en un espectáculo folklórico una danza propia del tiempo de la lluvia y
obviamente era una danza marginal, en esos años mi agrupación tenía claro que
no bailaba por devoción, no teníamos virgen, ni hacíamos veladas, hacíamos los
rituales propios de este tiempo acompañados de mucha música y baile, es más no
ingresábamos al templo, se dejaba claro que los que se sintieran convocados
podían entran, los demás nos quedábamos fuera y esperábamos para seguir
bailando.
En otra agrupación autóctona en la que también
participé al llegar al atrio de la iglesia los músicos y danzarines nos
dirigíamos a la torre para challar ese sitio, sin ingresar al templo como es la
costumbre en varias fiestas rurales. Las otras agrupaciones folclóricas de la
que participé tampoco me obligaron a ingresar al templo o asistir a veladas.
En el después y por la honrosa mención
se han impuesto varias cosas, entre ellas por ejemplo que todos los conjuntos
deben tener un carro con una virgen precediendo al grupo de danzarines y
músicos, cumplir con las veladas a la virgen y participar de ensayos entre
otros.
Se resalta el hecho de que el gran plus
del carnaval es su carácter devocional,
por ello, este año se generó polémica ante el anuncio de la presencia de dos
figuras públicas conocidas como los “Incas del Gran Poder” a quienes se negó el
ingreso en el carnaval de Oruro bajo el argumento de que la pareja de
bailarines distorsiona la vestimenta, argumentando también que el carnaval
tiene una “connotación estrictamente religiosa y de devoción a la Virgen del
Socavón[1]”,
por lo mismo deberían de haber participado de las veladas y ensayos y
evidentemente ser devotos.
Lo que no se dijo es por ejemplo que el
carnaval se divide en dos días. El primero, denominado como sábado de
peregrinación, este día inicia con la procesión de las autoridades
eclesiásticas a la cabeza del Obispo, los clérigos y un grueso grupos de
jóvenes monaguillos y fieles, precedidos por un carro que a través de un
megáfono va realizando rezos a la Mamita
del Socavón, acto seguido entra el primer conjunto, supuestamente se
prohíbe el consumo de alcohol (no se cumple). Cuando los bailarines llegan al
Santuario ingresan acompañados de música dedicada a la virgen y después de
rodillas ante su imagen presentan sus respetos y devoción. Este día la iglesia
está abierta hasta la llegada del último conjunto.
El segundo día es el de carnaval, la
iglesia esta cerrada y los bailarines danzan sin máscaras, con adornos de
globos y serpentinas, entran agrupaciones que hacen mofa a políticos u otros
carnavales como la diablada chilena.
Es decir lo devocional ya no es el centro. Hago este relato para contextualizar
la dinámica del carnaval, hablo desde mi vivencia y no como experta en el tema.
Los reportes de periódicos dan cuenta del grueso grupo de personalidades que han sido parte del carnaval, mises y ex mises, presentadoras y presentadores de televisión, varios de los denominados influencers y alguna ministra, es decir una serie de personas que no han cumplido con el protocolo devocional, no han participado de todos los ensayos, no han estado en las veladas y quizá tampoco en el último convite. Claro, ninguno de ellos promocionó su participación como los hicieron los incas, salvo el denominados “Ken boliviano” quien declaró que era invitado por una fraternidad y que participaría del último convite en devoción a la virgen, para cumplir el protocolo establecido.
Para la Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro (ACFO) lo más importante es que no se tergiverse la entrada del carnaval en tanto su origen devocional a la mamita del socavón, pero se olvidan que al final el carnaval es la expresión máxima del folklore y que por lo mismo se reinventa todo el tiempo, muestra de ello por ejemplo es la figura de la parca (la muerte) que ingresa en la Diablada Auténtica, misma que fue introducida por un párroco de los dominicos que son los dueños del Santuario del Socavón y que a la fecha perdura, figura que no tiene nada que ver con la danza en cuestión, como ese hay varios otros ejemplos.
Los argumentos devocionales de la
esencia del carnaval saben a poco, cuando lo que se privilegia son acuerdos con
la cervecería para ser los auspiciadores oficiales del antruejo de los andes,
cuando de lo que se trata es de establecer espacios de demostración oficiales donde los danzarines se lucen para los
influencers, autoridades y canales de televisión, en tanto que en el resto del
trayecto el caos y la desorganización reinan, los argumentos devocionales caen
en saco roto cuando el carnaval se mide en cantidad de hotelería usada y
generación de basura colectada.
Ese desfile de clérigos y devotos no
observa la cantidad de mujeres y niños que recogen latas de cerveza y espuma
entre los desperdicios de orina y comida, no observa a las mujeres que
despliegan un montón de puestos de comida, bebida, maquillaje, venta de
artesanía, chucherías, licor, mates, café y cientos de otras cosas… esperando
que algo gotee. Para disfrutar la devoción a la virgen se paga, porque lo que
lo que ellos denominan como peregrinación en realidad es un espectáculo, es
una fiesta donde el juego y el licor priman.
La devoción no alcanza a los que tiene menos, la mamita no los mira y menos sus devotos, la devoción es una marca que vende y vende bien, es lo que hace que esta fiesta sea diferente a las demás, es lo que permite capitalizar el antruejo de los andes y promoverlo en el mundo y así de a poquito se ha despojado a un pueblo de una maravillosa fiesta y se mercantiliza la fe.
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| "Carnaval de Oruro, 2023" Fotografía: Hipólito López |


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