sábado, 25 de marzo de 2023

El camino del tiempo y el cambio climático

   Pawkar Raymi 2023


Acabamos de pasar la fiesta del Pawkar Raymi como sabemos es una fiesta que tiene que ver con la observancia de los astros: el equinoccio. Como su nombre describe un equinoccio es el momento en el que el día y la noche son iguales, desde tiempos antiguos se sabe y conoce ese momento a través de la sistemática observancia del movimiento de los astros, realizada a través de cientos de observatorios astronómicos construidos para tal fin, estos lugares de observancia y conocimiento, entrelazan tanto la rigurosidad científica como la ritualidad que acompaña el paso del tiempo y los movimientos de planetas y estrellas. Seguro para los sabios y sabias que mantenían la observancia y sistematización del saber eran días llenos de actividades y conversaciones.


Ahora, muy pocos miramos el firmamento y pocos marcamos los tiempos y camino de los astros, a pesar de ello, aún recordamos esos momentos y de todas maneras aún caminamos lo que este tiempo significa, porque si bien era y es importante el día y hora concreta en la que estos fenómenos se dan, es también importante reconocer que cada uno marca un tiempo concreto.


Con el equinoccio iniciamos un breve tiempo de preparación del tiempo de la escasez, al menos eso pasa en los andes, es el momento del almacenamiento de comida y en algunos sitios de final de la cosecha grande, los campos se ponen en tonos amarillentos y grises y montones de haba seca, trigo seco, trojes de maíz, quinua y otros productos se preparan para ser guardados, si la cosecha ha sido buena, es un tiempo de mucho trabajo.


Recuerdo que en el Ayllu Mayor de Qaqachaka se llamaba a este momento “tiempo de carísima”, referido a la cuaresma, es la época de dátiles y trueque, como parte de la memoria ancestral se realizará lo que queda de la gran feria de trueque, la que inicia en Huari (Oruro) en esa feria de puede encontrar los jampis, las yerbas frescas  que son traídas de diversos sitios, en ese sentido es un tiempo de abastecimiento de la farmacopea andina, esa feria “camina” y va pasando por Challapata, Oruro y Caracollo… en ella se puede comprar ollas y utensilios de cocina hechos en barro y madera, encuentras durazno seco, dátiles que llegan de Cochabamba, ajíes y dulces de Sucre, maní, una diversidad de tostados de maíz y también harinas molidas aún piedra, encuentras plantas de diferente tipo y chaxrañas (buenas chaxrañas) para peinar el cabello, entre otras muchas cosas. Sin duda junto a la feria del ekeko, mi feria favorita.


Es tiempo de prepararse para hacer charke, los animales aún están gordos por la hierba fresca y los cielos en mayo estarán lo suficientemente despejados para secar la carne muy rápido. Antes se trocaba, ahora se compra, pero igual es maravilloso.


Desde el 21 los días empiezan a acortarse, el helado viento empieza a instalarse de apoco y la ropa abrigada sale del kepi. Es un tiempo de preparar el cuidado, un tiempo que disfruto mucho, renuevo yerbas, saco mantas, reviso la ropa de abrigo y me invento formas de calentar la casita.


Este año, no habrán fiestas grandes, este año es tristón, los efectos del cambio climáticos se sienten con fuerza en los andes, “todo ha cambiado” se oye decir a la gente, que mira con una tristeza ancestral la falta de lluvias, que grita y reniega de impotencia contra los dioses luego que una helada quema las plantas o cuando el granizo las destruye con tanta fuerza que nada queda tras su paso, duele ver el campo seco que se agrieta… cada vez hay menos fiesta, cada vez hay más necesidad de migrar, las manos callosas no encuentran respuesta y la pena y el hambre se instala en la ciudades, ciudades que olvidan de apoco mirar las estrellas y caminar con el tiempo…   


 

Autora: Elizabeth López Canelas.

lunes, 6 de marzo de 2023

Bajo un cielo sin estrellas


 

"Carnaval de Oruro, 2023"
Fotografía: Hipólito López 


El mercado de las devociones

                

Desde que tengo memoria he sido parte del carnaval de Oruro. Da la casualidad que siempre he vivido cerca de la ruta de la entrada, de niña vivía en la calle Junín (donde mi padre tenía su trabajo), los días de carnaval sacábamos bancas y la colocábamos en la acera, yo jugaba con agua y recogía cuanta basura ornamental caía al suelo, así llenaba cajitas de fosforo con lentejuelas, perlitas, plumas y demás pequeños tesoros, años más tarde mis padres compraron una casita en la calle Villarroel, de dónde iniciaba el carnaval.

 

Como buena orureña he bailado en la entrada muchos años y en diferentes conjuntos. He tenido la suerte de bailar antes y después de la nominación del carnaval de Oruro como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad”,  así que puedo reconocer un antes y un después.

 

En el antes bailaba en una agrupación autóctona éramos (siguen siendo) de los últimos conjuntos, lo nuestro era mostrar en un espectáculo folklórico una danza propia del tiempo de la lluvia y obviamente era una danza marginal, en esos años mi agrupación tenía claro que no bailaba por devoción, no teníamos virgen, ni hacíamos veladas, hacíamos los rituales propios de este tiempo acompañados de mucha música y baile, es más no ingresábamos al templo, se dejaba claro que los que se sintieran convocados podían entran, los demás nos quedábamos fuera y esperábamos para seguir bailando.

 

En otra agrupación autóctona en la que también participé al llegar al atrio de la iglesia los músicos y danzarines nos dirigíamos a la torre para challar ese sitio, sin ingresar al templo como es la costumbre en varias fiestas rurales. Las otras agrupaciones folclóricas de la que participé tampoco me obligaron a ingresar al templo o asistir a veladas.

 

En el después y por la honrosa mención se han impuesto varias cosas, entre ellas por ejemplo que todos los conjuntos deben tener un carro con una virgen precediendo al grupo de danzarines y músicos, cumplir con las veladas a la virgen y participar de ensayos entre otros.

 

Se resalta el hecho de que el gran plus del carnaval es su carácter devocional, por ello, este año se generó polémica ante el anuncio de la presencia de dos figuras públicas conocidas como los “Incas del Gran Poder” a quienes se negó el ingreso en el carnaval de Oruro bajo el argumento de que la pareja de bailarines distorsiona la vestimenta, argumentando también que el carnaval tiene una “connotación estrictamente religiosa y de devoción a la Virgen del Socavón[1]”, por lo mismo deberían de haber participado de las veladas y ensayos y evidentemente ser devotos.

 

Lo que no se dijo es por ejemplo que el carnaval se divide en dos días. El primero, denominado como sábado de peregrinación, este día inicia con la procesión de las autoridades eclesiásticas a la cabeza del Obispo, los clérigos y un grueso grupos de jóvenes monaguillos y fieles, precedidos por un carro que a través de un megáfono va realizando rezos a la Mamita del Socavón, acto seguido entra el primer conjunto, supuestamente se prohíbe el consumo de alcohol (no se cumple). Cuando los bailarines llegan al Santuario ingresan acompañados de música dedicada a la virgen y después de rodillas ante su imagen presentan sus respetos y devoción. Este día la iglesia está abierta hasta la llegada del último conjunto.

 

El segundo día es el de carnaval, la iglesia esta cerrada y los bailarines danzan sin máscaras, con adornos de globos y serpentinas, entran agrupaciones que hacen mofa a políticos u otros carnavales como la diablada chilena. Es decir lo devocional ya no es el centro. Hago este relato para contextualizar la dinámica del carnaval, hablo desde mi vivencia y no como experta en el tema.

 

Los reportes de periódicos dan cuenta del grueso grupo de personalidades que han sido parte del carnaval, mises y ex mises, presentadoras y presentadores de televisión, varios de los denominados influencers y alguna ministra, es decir una serie de personas que no han cumplido con el protocolo devocional, no han participado de todos los ensayos, no han estado en las veladas y quizá tampoco en el último convite. Claro, ninguno de ellos promocionó su participación como los hicieron los incas, salvo el denominados “Ken boliviano” quien declaró  que era invitado por una fraternidad y que participaría del último convite en devoción a la virgen, para cumplir el protocolo establecido.

 

Para la Asociación de Conjuntos del Folklore de Oruro (ACFO) lo más importante es que no se tergiverse la entrada del carnaval en tanto su origen devocional a la mamita del socavón, pero se olvidan que al final el carnaval es la expresión máxima del folklore y que por lo mismo se reinventa todo el tiempo, muestra de ello por ejemplo es la figura de la parca (la muerte) que ingresa en la Diablada Auténtica, misma que fue introducida por un párroco de los dominicos que son los dueños del Santuario del Socavón y que a la fecha perdura, figura que no tiene nada que ver con la danza en cuestión, como ese hay varios otros ejemplos.

 

Los argumentos devocionales de la esencia del carnaval saben a poco, cuando lo que se privilegia son acuerdos con la cervecería para ser los auspiciadores oficiales del antruejo de los andes, cuando de lo que se trata es de establecer espacios de demostración oficiales donde los danzarines se lucen para los influencers, autoridades y canales de televisión, en tanto que en el resto del trayecto el caos y la desorganización reinan, los argumentos devocionales caen en saco roto cuando el carnaval se mide en cantidad de hotelería usada y generación de basura colectada.

 

Ese desfile de clérigos y devotos no observa la cantidad de mujeres y niños que recogen latas de cerveza y espuma entre los desperdicios de orina y comida, no observa a las mujeres que despliegan un montón de puestos de comida, bebida, maquillaje, venta de artesanía, chucherías, licor, mates, café y cientos de otras cosas… esperando que algo gotee. Para disfrutar la devoción a la virgen se paga, porque lo que lo que ellos denominan como peregrinación en realidad es un espectáculo, es una fiesta donde el juego y el licor priman.

 

La devoción no alcanza a los que tiene menos, la mamita no los mira y menos sus devotos, la devoción es una marca que vende y vende bien, es lo que hace que esta fiesta sea diferente a las demás, es lo que permite capitalizar el antruejo de los andes y promoverlo en el mundo y así de a poquito se ha despojado a un pueblo de una maravillosa fiesta y se mercantiliza la fe.


"Carnaval de Oruro, 2023"
Fotografía: Hipólito López 

 Autora: Elizabeth López Canelas.

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